… Tan solo yo y Eduardo quedamos de la expedición. Aun recuerdo con pavor como las pirañas devoraban a mis compañeros, pero debo guarecerme en la nave, mientras que por el radiotransmisor escucho la voz de Eduardo: “¡No!... suéltenme… ¡no!...“ya nada me haría abortar la misión, ya no hay vuelta atrás, ni miedo ni esperanza, ya era hora de enfrentar mis miedos. Decidí tomar mi arma y esperar lo que Dios me aguardaba, el frío sudor me ahogaba, salí sin vacilar de mi escondite cuando… suena el timbre del colegio y decidimos continuar con mis compañeros en el próximo recreo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario